Friday, November 27, 2009

ANTÍDOTO TEGUCIGALPA

Manuel Vázquez Portal


Nota del autor: La presente columna debió aparecer en el Nuevo Herald de Miami el domingo 5 de julio de 2009, pero debido a ciertos raros sortilegios que tiene la prensa, no se publicó. Pasados algunos meses, y después de haber renunciado a mi espacio en ese diario, decidí que mis lectores de entonces no debían padecer mis calamidades personales. Llamé por teléfono a mi viejo amigo Don Alternán Carretero, director de The Morón Herald, tres veces Premio Internacional Laguna de la Leche, y le propuse que la diera a conocer. Y no sólo lo hizo, sino que me pidió que todos los domingos le enviara una y yo le prometí que con mucho gusto lo haría. Aquí esta:


El fantasma de los golpes de estado ha sobrevolado en estos días por América y el mundo. Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla deben haberse enfurecido en sus tumbas ante tan patéticas comparaciones que menoscaban sus recuerdos, si por lo menos hubiera habido un par de muertecitos, no fueran tan ridículas las monjiles monsergas, porque, a mi modo de ver, nada más lejano de la realidad que lo que han dibujado con alarmante aspaviento.

La imagen de un Manuel Zelaya en asustado ropón de dormir asilado en Costa Rica borró la del baladrón de sombrero tejano que, desafiando a todas las instituciones del estado, entró a una base aérea militar para, por sus santos mostachos, llevarse las urnas y las boletas de un referéndum que le habían dicho era ilegal.

De ranchero guapetón con ansias de perpetuarse en el poder pasó a sobresaltado conejillo clamando porque lo dejen aunque sea terminar el período para el que lo había elegido el pueblo. De truhán apandillado con los peores vecinos del pobre barrio latinoamericano transitó a dolorida víctima ante las organizaciones internacionales.

Realmente la alborada del domingo 28 de junio no fue buena para el señor presidente de Honduras. El había soñado hacer sus abluciones matutinas con toda calma, jabones olorosos, cremas humectantes y lavandas exóticas; desayunar con jaleas y quesos importados, retocarse el bigotón hirsuto, calarse su sombrero engominado y salir a recorrer los barrios pobres donde no conocen los membrillos y en los que, suponía, lo aclamarían con júbilo unos votantes entusiasmados.

Pero olvidó el señor presidente que días antes le había querido partir las piernas a Romeo Vásquez y que la Corte Suprema, como la más fiel y exigente de las Julietas, se lo había impedido y que no pudo nombrar a tiempo a un general que le permitiera salirse con la suya, y ahí fue donde y cuando se armó la de Montescos y Capuletos.

A no dudarlo, el despertar del domingo 28 de junio no fue bueno para el Manolo Zelaya ni para sus mentores y patrocinadores. Pero sí fue muy bueno para los hondureños y para los pueblos de América Latina. Ante el virus de los otrora golpistas y guerrilleros de tomar el poder por la vía democrática y una vez instalados desmantelar el sistema, apareció en Tegucigalpa el antídoto infalible contra una bacteria que amenaza con extenderse peligrosamente sin que la Organización Mundial de la Salud decrete la fase de alerta de pandemia.

El germen nació allá por 1952 cuando el incruento golpe del general Fulgencio Batista dejó sin constitución a la nación cubana y Fidel Castro prometió que la reinstauraría. Cincuenta años después se está esperando que lo haga, y no ha sido tan incruento como el cuartelazo.

El modocito Hugo Chávez preelectoral que llamaba dictador a Fidel Castro, y cuyo examen bacteriológico había dado positivo en la clínica del doctor Carlos Andrés Pérez, no le ha dejado en diez años un hueso sano a la constitución venezolana.

Aquel aimara ardoroso a quien los síntomas se le verificaron por medio de los incendios de neumáticos en las carreteras de Bolivia y que no le permitía a ningún presidente gobernar en paz, no bien se apoltronó en la silla presidencial empezó a reformatear la constitución de tal manera que nunca más habrá paz en La Paz.

El trueno sandinista de los años ochenta, uno de los principales vectores del patógeno, cuando fue derrotado se disfrazó de nazareno y pidió con grandes cirios y plegarias que Nicaragua le volviera a creer. ¡Aquel trueno vestido de Nazareno! La ingenua, olvidadiza tierra de Rubén Darío le creyó, y ahí tiene su calvario.

Ecuador también ha sido azotado por el virus devorador de constituciones y va a tener Correa, y correazos, para largo. Pero Honduras halló la vacuna, y claro toda hipodérmica duele y provoca sus refunfuños, pero con el tiempo se agradece, y sé que con el tiempo se le agradecerá. Guatemala, El Salvador, Paraguay, y hasta Uruguay que tiene sus tosecitas y febrículas, de ahora en adelante van a tener a mano su antídoto Tegucigalpa y mucho cuidado en caso de que la bacteria mute, porque eso sí, los virus políticos son de una gran ductilidad.

Fuente: http://www.tintainfelizmierdaflorida.blogspot.com/

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